COLUMNA DE OPINIÓN: Hablemos de duelo

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El ciclo de la vida considera invariablemente la pérdida. Tener y perder cosas o personas que nos importan es una alternancia inevitable en el vivir. De ambos fenómenos hoy nos referiremos a la pérdida, experiencia considerada una de las más intensas y que pueden marcar un antes y un después en nuestras vidas.

Por lo general, con un inicio marcado por el dolor, la tristeza, la rabia, la culpa, y en los menos por la aceptación, la resignación, la paz, perder a alguien, ya sea por un conflicto o por su fallecimiento, pondrá en marcha un proceso personal que movilizará gran parte de nuestro ser.

Importarán en ese proceso nuestras experiencias de niñez temprana, nuestra biología, nuestras relaciones familiares, creencias, personalidad, y todo lo que ha contribuido a que seamos quienes somos hoy. Cursar ese proceso será, a lo menos, intenso y el puerto de llegada al que nos lleve, para que sea el mejor posible, requerirá de la disposición a expresar a quienes nos den confianza y apoyo, lo que nos ocurre en este viaje.

Tener buenos compañeros y compañeras de viaje, amistades o profesionales, será fundamental para ir confirmando que (lo más probablemente de manera lenta) el recuerdo vivo de quien perdemos, puede llegar a convivir con la valoración del presente y la posibilidad de un futuro esperanzador.

Ps. Alejandro Gómez Mora
Jefe Unidad de Psiquiatría y Salud Mental
Hospital San Fernando

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