Carta del cerro Nircunlauta a la ciudad de San Fernando

Columnas y Artículos

Estimada Capital de la provincia de Colchagua:

Me permito dirigirme ante vuestra existencia con humildad y respeto en un breve lapso de tiempo. Sé que ya no eres el pueblo inocente de antes, y que ser una gran ciudad implica asuntos "más importantes" que atender. ¡Ah, y pensar que en otros tiempos nuestro diálogo era tan fluido, tan cotidiano! Sin embargo, en las últimas tres décadas te entregaste a la vorágine del progreso y has pagado el precio ante el gran mal del siglo XXI que es la "falta de tiempo".

No obstante, deberías recordar que soy un viejo habitante de este valle. Lo conozco desde mucho antes de la fecha de tu fundación, cuando era pletórico de frondosidad y habitaba una naturaleza virginal ornada de diversas melodías que las aves emitían.

Tan viejo soy como los cerros aledaños, pero mucho más que las rocas andinas que han emergido con lentitud a lo largo de millones de años. De hecho, en más de una ocasión contemplé cómo el volcán Tinguiririca llegó a despertar de su largo y plácido sueño. Cual salvaje e indómito animal que finaliza su estado de hibernación; divisé cómo aquel gigante expulsaba, desde su esencia, sus lágrimas de fuego incandescente hacia el cielo, y cómo estas se deslizaban después por sus laderas marcando a su rostro para siempre, mientras su voz explosiva recorría el valle en busca de un destino. Sin embargo, tras largos y extensos años de profundo dormir, prefiere soñar que llegar a despertar a esta realidad actual.

Sin duda eran otros tiempos. Ahora, ya me he ido resignando de a poco a la incomunicación. ¿Qué ha pasado Comarca de Ensueño? ¿No te das cuenta que hace tiempo me estás dando la espalda? ¡Ah, es más fácil hablarles a los pueblos que a las grandes ciudades! Más aún cuando en gran parte de mi existencia ha sido vivir como mudo testigo de todo lo que me rodea. Además, la mayoría de tus habitantes no me contemplan. De hecho, muchos ignoran mi nombre, a pesar de que existo en el inconsciente colectivo de ellos.

No obstante, sé que no soy estimado por muchos de ellos: algunos han venido a mis laderas a botar basura; otros tantos han osado en talar mis árboles; otros interrumpen el silencio de manera brutal cuando vienen en sus motos (mientras ascienden, sus ruedas van surcando mis laderas como la sierra en la corteza del viejo roble); y hace algunos años (siete para ser exactos), sufrí un incendio cuyo recuerdo y consecuencias impiden que mi flora y fauna cicatricen sus heridas. Sin embargo, ya perdoné al responsable de aquel funesto desastre, sólo que debo reconocer que ignoro si esto se volverá a repetir nuevamente (en mi larga existencia, ya he sufrido varias catástrofes).

Tus nuevas generaciones de habitantes no son como las de antes, y tú Comarca de Ensueño te has vuelto opaca y distante: me cuesta divisarte bajo esa incipiente capa de contaminación atmosférica, la que antes era tan propia del Santiago del Nuevo Extremo. Ante esta imagen, sólo me queda recordar con nostalgia el momento de tu fundación: desde mi cumbre pude contemplar con claridad cómo el mismo gobernador Manso de Velasco dio inicio a tu existencia.

Fue a partir de tu nacimiento, que tu identidad se forjó de manera pura. Tu extenso y bello jardín inspiraba a los poetas como también a los pintores. Por mucho tiempo (a escala humana), mantuviste una fidelidad a tu identidad de origen colonial: la arquitectura de tus casas y haciendas estaban en sintonía con tu bucólico jardín y tu expansión urbana era lenta, ya que respetabas el entorno que te rodeaba.

Sin embargo, tu crecimiento desproporcionado ha ido matando tu identidad. ¿Qué eres Comarca de Ensueño? ¿Aquella ciudad capital de la provincia de Colchagua o una más de las tantas que se han desfigurado por un progreso que aplana toda expresión cultural rural?

Por ahora, sólo percibo que los intentos de rescate cultural son ingenuos. Por ejemplo, hace cuatro años se inauguró una escultura en tu acceso norte (desde la carretera), que representa a una pareja de campesinos. Ambos ornamentan dicha entrada y cumplen una función de "rescatar las raíces", como suelen decir muchos políticos en sus discursos complacientes. En realidad, creo que esa pareja se está despidiendo más que dando un saludo de bienvenida. Deberían de estar en un museo (¿Estarán seguros ahí?). Tu crecimiento urbanístico ha ido matando los campos habitados por los campesinos de antaño y con ellos no sólo se va su imagen; también sus costumbres, sus conocimientos del campo, de los animales, sus historias y leyendas.

¿Qué eres Comarca de Ensueño? Por mi parte te desconozco. Quizás te confiaste demasiado en tu "plano regulador", pero debo decirte que estos tienen una existencia más bien acotada: los "planos reguladores" están para ser desregulados: se cambian con cierta frecuencia para permitir la expansión habitacional cancerígena por sobre todas las cosas. ¡Ah, ya percibo como la ola de cemento se esparcirá en poco tiempo más hacia mis declives!

Y así como los castillos medievales eran protegidos por un cuerpo de agua que los rodeaba para frenar la invasión directa del ejército enemigo, alguna vez me ilusioné con un proyecto de parque para la avifauna que incluía una laguna que estaría próxima a mis laderas nororientales. Dicha idea, la escuché de tus autoridades locales del momento; y a pesar de mi antigua existencia, creí en el proyecto como un niño cuando escucha a su maestro (que noble la palabra para el ejemplo). Han pasado más de 10 años, y es evidente que el proyecto nació muerto.

¿Qué eres San Fernando? ¿Comarca de Ensueño? ¿La Ciudad del Progreso? ¿Territorio de Rojas Camelias? ¿Quedan camelias? Si, en algunas casas antiguas... ¿Quedan casas antiguas? Cada vez menos. Como vestigio de un antiguo esplendor, percibo a varios monumentos nacionales destruidos y silenciados; a una fuente en la Plaza de Armas carente de varios de sus ornamentos (¿Dónde está la garza que cuida a la sirena que canta hacia la vereda sur?); y la estatua de un héroe libertador cuyo rostro está cubierto de mierda de paloma. Quizás sea mejor dejarlo así. ¿Para qué limpiar sus ojos? ¿Para que perciba que la "Ciudad del Progreso" aplastó a la "Comarca de Ensueño"? ¿Y era realmente progreso?

Foto y transcripción: Patricio Balocchi Iturra