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Pepe y Nena Ferrari: tripulantes de un barco de ensueño (Segunda Parte)

Columnas y Artículos

Hay otra cosa que debe ser dicha: entre el primer paso de los Ferrari en televisión, y la segunda etapa, el país sufrió un cambio brusco. Hubo un golpe militar y las cosas cambiaron radicalmente. Fue una época difícil, sobre todo para los trabajadores de las artes. Pepe estuvo detenido en estos años. Sin embargo, tiempo después, pudo retomar su labor y fue convocado para trabajar en “La tía Patricia”. No quise ahondar en los detalles, pues podría ser mal interpretado; pero lo cierto es que a pesar de figurar en la “Lista Negra”, se los llamó al trabajo: es que eran necesarios. Para graficar cuán necesarios eran, qué tan buenos eran en lo suyo, traigo aquí una anécdota contada por Patricia:

“Un día se acerca a mi padre un funcionario. Estábamos en plena dictadura. Se acerca y le dice: Preséntese en (tal lugar) Le pedían que fuera a dar función en un cumpleaños. Intrigados, no les quedó más remedio que ir. Cuando llegaron, una terrible casona, lujosa. Adentro se celebraba el cumpleaños de una niña. Ellos hicieron lo suyo y en un momento dado, se hace presente a la reunión, la esposa de Pinochet: era una fiesta de su entorno.

Fue Pepe un hombre muy movedizo. La confección de este homenaje así lo testifica. Seguirle sus pasos es difícil, sobre todo para trazar una cronología ordenada. Este hombre, junto a su mujer, ha hecho de todo. Han estado en todos lados; han conocido a infinidad de personas.

Estando yo de visita en casa de su hijo Ariel y junto a Patricia, su otra hija, acompañados por la esposa de Ariel, llovían recuerdos sobre la mesa.

Imagínate a dos niños, tendríamos 10 o 12 años. Mis padres nos hacían asistir a las tertulias en aquél momento se le decían así. Allí se juntaban personas de todo ámbito: profesores, escritores, artistas, etc.. Y se hablaba de variados temas. Y nosotros allí, sentados, callados, mirándonos a la cara, con unas ganas de irnos (risas). Pero con el tiempo hemos agradecido haber formado parte de esas reuniones, cuenta Ariel, que se le iluminan los ojos (en verdad, a los tres se les iluminan los ojos al recordar al matrimonio).

También hay que recordar su paso por la docencia, cuando fue profesor universitario, en las Escuelas de Temporada dictadas por la Universidad de Chile. Enseñó el arte de los títeres a todo el mundo: obreros, particulares, docentes. Iban por los pueblos. Esto fue antes del golpe.

Pepe y Nena: una dupla. Se complementaban muy bien. Se necesitaban. Dice Paola:

“Tengo la sensación de que parece que mi madre hubiera sido sólo su compañera; pero en realidad, ella tenía una fuerza tremenda, una súper imaginación y gran cultura. Por lo menos, era la mitad de la compañía; se complementaban muy bien en el trabajo, cincuenta años casados y cuarenta trabajando juntos. Mucho tiempo”.

Pepe y Nena, nunca pararon. Quiso el destino que la muerte lo encontrara a Pepe trabajando, en el año 1994, preparando un espectáculo para la feria “Expocol”, en San Fernando. Murió en su ley.

Fue velado en su pueblo, San Fernando, en la una sede sindical, frente a la plaza principal. En el mismo momento en que la carroza fúnebre salía rumbo al cementerio, se congregaron infinidad de niños en la plaza; y al paso de la pompa, los niños saludaban con sus manos en alto a ese que fuera su TITIRITERO.

Diez años después, se fue Nena, quien no hacía funciones, pero sí ejercía la docencia en la materia.

Para cerrar este homenaje, un recuerdo de Paola Ferrari, quién siguiera también los pasos de su padre, y que sirve para describirlos:

“Nunca faltó nada en mi casa; sobre todo, hubo abundancia de personas formadoras, artistas renombrados, gente muy sencilla, que desarrollaba su trabajo con sencillez, y lo menos que tenían mis viejos era ser estirados. Siempre mi papá fue un tipo con una gran paciencia y mucho sentido del humor”, ya sé que todo el mundo dice que sus viejos fueron una maravilla; pero, la verdad, es que, aunque parezca un cliché, los míos fueron un lujo, no me queda otra que decirlo.”

Sirva este homenaje para revivir su memoria, para resaltar las andanzas de esta pareja que, habiendo tenido un futuro asegurado, dejaron todo por un sueño: vivir en la magia y la fantasía. Gracias a Los Ferrari, por dar al mundo una pincelada de color; a este mundo, que tanto necesita de Pepes y Nenas.

Sergio Fernandez Vergara

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